El mercado laboral de los jóvenes

El mercado laboral para los jóvenes

Es bien sabido que el paro en España se ceba con los más jóvenes y cuando por fin consiguen entrar en el mundo laboral lo hacen con un contrato de formación o de prácticas.

El contrato de formación o aprendizaje se crea precisamente para favorecer la inserción laboral y la formación de las personas más jóvenes ( mayores de 16 años y menores de 25 años). Se trata de una actividad laboral retribuida por una empresa que ofrece una actividad formativa enmarcada dentro del sistema de formación profesional para el empleo o del sistema educativo.

Esta actividad laboral es necesaria para obtener el título de formación profesional, certificado de profesionalidad o  certificación académica. La actividad formativa inherente al contrato debe estar relacionada con la actividad laboral desarrollada en el puesto de  trabajo. Las empresas que tengan a bien contratar a jóvenes podrán financiar el coste de la formación mediante bonificaciones empresariales a la Seguridad Social.

Los contratos para la formación y el aprendizaje van acompañados de incentivos para la empresa: una reducción del 100% en las cuotas a la Seguridad Social del trabajador contratado y el 100% en las cuotas empresariales a la Seguridad Social cuando la plantilla de la empresa sea menor de 250 personas. Además si este contrato se transformara en indefinido, las empresas tendrían derecho a una reducción en cuotas de la Seguridad Social de 1500 euros durante los tres primeros años y de 1800 euros en el caso de ser mujer.

Los contratos deben constar por escrito. Adquirirán condición de trabajadores fijos los que no hubieran sido dados de alta en la Seguridad Social, una vez transcurrido el plazo legal fijado como periodo de prueba. Se presumirán contratos indefinidos los contratos de formación celebrados en fraude de ley. El contenido del contrato deberá comunicarse al Servicio Público de Empleo en el plazo de los diez días siguientes a su concertación.

El contrato de formación está pensado para la gente joven, aunque podrán incluirse hasta los 30 años si la tasa de desempleo no se sitúa por debajo del 15%. En julio del 2015 la tasa de desempleo en España se situaba en el 22% y la tasa de desempleo juvenil en el 48,6%.  Así pues, aquellos menores de 30 años que carezcan de la cualificación profesional reconocida por el sistema educativo podrán tener la suerte de concertar un contrato en prácticas para un puesto de trabajo. Por otra parte, el límite de edad no será de aplicación cuando el contrato se concierte con personas con discapacidad, ni con los colectivos en situación de exclusión social.

El objeto del contrato para la formación y el aprendizaje será la cualificación profesional de los trabajadores. Deberá formalizarse por escrito, haciendo constar expresamente su contenido. No podrán celebrarse a tiempo parcial y su duración mínima será de un año y como máximo tres años. Este límite podrá variar según convenio colectivo del sector y no será de aplicación en los contratos con alumnos que participen en proyectos de empleo formación.

Las situaciones de incapacidad temporal, riesgo durante el embarazo, maternidad, adopción o acogimiento, riesgo durante la lactancia y paternidad, inte­rrumpirán el cómputo de la duración del contrato.

El tiempo del trabajo efectivo deberá ser compatible con el tiempo dedicado a las actividades formativas. No podrá ser superior al 75% durante el primer año o al 85% durante el segundo y tercer año.

Los trabajadores no podrán realizar horas extraordinarias, ni trabajos nocturnos, ni trabajo a turnos.

Una vez que expire el contrato de formación y aprendizaje, el trabajador no podrá ser contratado bajo la misma modalidad.

El trabajador deberá recibir la formación inherente al contrato para la formación y el aprendizaje directamente en un centro formativo de la red o en la propia empresa cuando la misma dispusiera de las instalaciones y el personal adecuados. Por supuesto, la actividad laboral desempeñada por el trabajador en la empresa deberá estar relacionada con las actividades formativas.

La cualificación o competencia profesional adquirida a través del contrato para la formación y el aprendizaje será objeto de acreditación.

Previamente a la formalización del contrato para la formación y el aprendizaje, la empresa deberá verificar que, para el trabajo efectivo a realizar por la per­sona trabajadora, existe una actividad formativa relacionada con el mismo que se corresponde con un título de formación profesional o con un certificado de profesionalidad.

Previo a la contratación debe existir un acuerdo entre la empresa y el centro de formación que deberá contener al menos:

  • Identificación de los representantes de la empresa, centro de formación y persona trabajadora.
  • Identificación de las personas que vayan a ejercer la tutoría de la empresa y del centro de formación.
  • Título de formación profesional, o certificado de profesionalidad, certificación parcial acumulable o certificación académica objeto del contrato y detalle de la formación complementaria, en su caso.
  • Modalidad de impartición de la formación: presencial, teleformación o mixta.
  • La forma y criterios de evaluación. Así como los contenidos del programa de formación calendario, jornada, programación y horario de la actividad laboral y de la de formación, su distribución temporal con respecto a la actividad laboral.
  • Duración de la formación, que será al menos la necesaria para la obtención del título de formación profesional, certificado de profesionalidad o de certifica­ción académica o acreditación parcial acumulable.
  • Criterios para la conciliación de las vacaciones en la empresa y periodo no lectivo en el centro de formación.

Según el artículo “Más de la mitad de los becarios mayores de 30 años trabaja gratis”,

recientemente publicado en el periódico El País, “hay profesionales mayores de 30 años que han decidido cambiar su rumbo laboral e incorporarse a un sector diferente. Este grupo afronta el giro en su carrera profesional como una inversión y es el menos reacio a ejercer un empleo sin remuneración: el 64% de ellos no cobra por estas prácticas.”

¿Dónde queda pues la buena voluntad con la que se creó el contrato de formación y aprendizaje, los incentivos a empresas, los acuerdos entre centros educativos y empresas?

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